Día de fiesta

Ana Vera Palomino

El evento de hoy es tan importante, que la noche anterior logré controlar mi acostumbrado insomnio y no llegar tarde a la cita. Me demoré todo el día en decidirme entre un traje moderno y fantástico o uno ancestral y terrorífico.
Hoy es el día de la fiesta. Me muero por las ganas de ver con detenimiento la cara de sorpresa cuando los demás intenten descubrir quién soy.
Con la familia, habíamos acordado celebrar a los muertos con los disfraces más increíbles. Desfilar frente a los clásicos altares populares, adornados con comida, serpentina y botellas de licor.
Parada frente al estrado, empieza la banda. Cuando tomo el micrófono, se apagan las luces.
Una vez más, era demasiado tarde. Todos estaban descansando en sus ataúdes. A lo lejos, mi madre me llama. Solo alcanzo a decirle susurrando: mamá, aún aquí, me cuesta dormir temprano.