El Conde de Montecristo

FRANCISCO BRAVO MONTAÑEZ

Mi abuelo y yo nos queremos mucho y nos complementamos. Yo le busco las gafas, su desgastada cuchara o cualquiera de los trastos que pierde continuamente. 
Él me cuenta las extraordinarias aventuras que ha protagonizado en su azarosa vida, antes de convertirse en un viejo inválido  
La más impresionante es la de su encierro en un castillo, separado por un grueso muro de un famosos prisionero: el Conde de Montecristo. 
Golpeando y arrastrando sus cucharas contra los sillares de piedra, habían desarrollado un lenguaje especial y así planearon y lograron su fuga.  
Ahora que no lo veo, mi abuela dice que se ha ido para siempre y que los ruidos durante la noche solo desaparecerán cuando encuentre el descanso eterno.
Sin mi ayuda, confío en que no lo encuentre y así seguiremos comunicándonos, pero mi mayor temor es que acabe perdiendo la cuchara.