Una brújula y una maceta

M. S. A.

Como otros muchos, la mujer espera el tren que la aleje del horror. Va sola, no por elección suya, también en eso han elegido por ella. Y por eso está allí esperando alejarse de su hogar, devastado y roto, con sus escasas pertenencias en una mochila que ahora yace a sus pies y a la que apenas presta atención. Sin embargo, uno de sus brazos parece acunar una maceta a la que, de cuando en cuando, mira con cariño. Podría pensarse que está loca o que ella ve en la maceta algo que nadie más puede ver. Su otra mano acaricia una pequeña brújula que cuelga de su cuello, sujeta a una cadena larga de plata vieja
-Esto es lo único que importa -se dice-. Tu tierra, este puñado de tierra, que es de dónde vienes y esta brújula, que te indicará cómo volver...