Mercurio

Asun Rubio-Visiers

Nunca pensé que una buena comida en la mejor marisquería de la ciudad me fuera a proporcionar tantas pesadillas. Mi becerro de oro es el pescado y podría alimentarme sólo de habitantes de los mares. Pero ellos tenían que hundirme de nuevo en la miseria con sus sesudas conversaciones sobre la contaminación por mercurio. Salí del restaurante con la seguridad de que acabaría convertida en un viejo termómetro, de los que ya ni siquiera se fabrican.