Un retrato

maría luisa muñoz acosta

Un joven miraba el cuadro principal de la exposición. Parecía observar cada detalle y no cansarse de hacerlo.
Tal vez buscaba memorizarlo hasta tal punto que pudiera reproducirlo en una versión propia, o solo llevarse la imagen bien grabada porque se le había olvidado el móvil. El cuadro, de 1830, mostraba un joven de frente. El visitante seguía mirándolo. Su cara quedaba a la altura del cuello del retratado. Fue entonces cuando se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia fuera de la sala.
El parecido de ambos era tal que quedé estática por unos segundos. Jamás pensé que dudaría de la veracidad de los viajes en el tiempo.