Un final de cuento

Sonia Ortiz Martín

Y cuando el zapato por fin encajó en el pie de Cenicienta, ella se dirigió a la multitud, que no acertaba a salir de su asombro y con un gesto desafiante se los quitó, se calzó sus deportivas más cómodas y tomando de la mano al desconcertado príncipe se dirigió hacia la calle. Fuera, los esperaba la ansiada libertad. Cenicienta puso clara las condiciones. Aquello no era ningún cuento, la vida fuera de palacio no iba a ser nada fácil. El príncipe no lo entendía demasiado bien, pero la mirada de Cenicienta no ofrecía ninguna duda, así que se despojó de su pesada capa y dejó que su valiente dama abriera camino...