Técnicas de relajación

Gabriel Pérez Martínez

El trabajo me provocaba ansiedad. Para mitigarla, comencé a practicar la natación. Al principio, la piscina me parecía enorme, pero pronto me sentí enjaulado entre sus cuatro paredes y decidí pasarme al mar, donde a diario me zambullía durante horas.
Una tarde, poco antes de anochecer, me transformé en un salmonete. Y no soy el único. Antúnez, el de recursos humanos, que desapareció de la empresa antes que yo, ahora es una sardina. Así, hemos logrado sortear la presión asfixiante de nuestro jefe, obsesionado por volar con su avioneta para huir del estrés.   
Hoy me ha parecido ver un cormorán.