Soñar es gratis

María José García

Caía el sol por las lomas del cortijo. No lo notamos al principio, pero una nube se iba formando entre las encinas y el olor a picón fue llegando a todas partes. Detrás de los olivos empezaron los sueños y poco a poco lo invadieron todo.
No te muevas, ya se irán, me decían. Los sueños se fueron mezclando con el humo de las chimeneas. El forastero nos tenía avisados: No se vayan, es mejor dejar que los sueños crezcan, después se apagan.
Todos empezaron a soñar cosas raras, como si viniesen de otras partes, veían otros colores. Se abrió la puerta, en ese momento entraba el mundo. Y no era tan pequeño, era panzudo, como embarazado.
Vivíamos al tuntún, no esperábamos nada porque nada habíamos soñado, pero aquel día empezamos a esperarlo todo. Primero fueron las sombras, después un airecillo suave nos empujó hasta el patio.