Soñando

maría j. garcía

Desde allí, Gibraltar era como una piedra más pequeña que un puño. Los arrieros llegaron por fin y fueron dejando el contrabando en la despensa que había detrás de la alacena. Uno de ellos traía dos lobos chicos en un capacho, cuando entró le pidió a Dolores un poco de leche.
Hoy han vuelto los del río, sin pescar, se quedaron dormidos en el Chopo. No sé qué va a pasar. Todos vamos por libre. No pudimos jugar la partida de dominó. Lo bueno es que nadie da órdenes, aunque tampoco las oiríamos.
Ha ocurrido algo totalmente nuevo, podemos meternos en los sueños de los otros, compartirlos. Es lo mejor que podía pasar, así no estamos tan solos.
Hemos descubierto que los lobitos han empezado a soñar. Si uno sube para el Calvario, el otro tira para la fuente. No están en lo que tienen que estar.