Teatro

GABRIEL PéREZ MARTíNEZ

Al inicio de la obra, representábamos a unos padres que no se comunicaban con los hijos. Teníamos dos. Uno de ellos, Luis, con problemas de conducta. Muy agresivo.
Carlos era el mayor. Entre ellos no hacían más que pelearse, hasta que un accidente de moto de Luis, a mitad del espectáculo, nos cambió a los cuatro. La cercanía de la muerte te hace valorar la vida. Nos volvimos empáticos. Mostrábamos nuestros sentimientos. Antes de los aplausos finales, parecíamos una familia. Ahora, cuando terminaba la función y el público se iba, ninguno se atrevía a abandonar el teatro para regresar a sus respectivas casas. Algunos lo hacíamos andando. Otros, en bici. Procurábamos saltarnos todos los semáforos.