Herencia amorosa

JORGE JIMÉNEZ

Mi padre me dejó en vida su herencia: horas de taberna, endeudarse por mí a sabiendas del impago y a jugar a las cartas sin temor a perder. No necesitó notario mortis causa, pues llegado el día occiso, me dejó cero pesetas (el euro no había entrado), afortunadamente (no por el euro, sino por el cero). Por ello le recuerdo como fuerza vivífica que no invirtió en la muerte.
A mi hijo no quiero dejarle nada que pueda ser tasado, sujeto a leyes de mercado, a ofertas y demandas; tan sólo mi recuerdo y el olor de la piel tendrá por mandas, y que él, por su cuenta, se vaya cagando en los muertos de quien proceda.
Jorge Jiménez dixi. Málaga, año sin dios de 2018.