La sirena y las olas

Juan Cuquejo Mira

Cuando la tempestad me arrancó de la cubierta, supe que iba a morir. Luché hasta que las olas enormes me agotaron. Vi alejarse la superficie y sentí que se me agotaba el aire.
Algo me detuvo, unos labios rodearon los míos y mis pulmones se llenaron de aire. Me abracé al cuerpo de la mujer que me había salvado. Cuando pasó la tormenta, subimos a la superficie y la sirena se quedó conmigo hasta que un barco nos vio. Me pidió que la esperara en la costa, que regresaría en la ola más hermosa de todas.
Me fui a la playa, pero mi corazón había perdido la capacidad de reconocer la belleza. La ola más hermosa de todas pasó y no volví a ver a la sirena.