La grieta

FRANCISCO FERNANDO

Salí del ?parking? justo cuando comenzaba la tormenta. Una fuerte tromba de granizo se proyectó, en pocos segundos, sobre mi capó. En esas condiciones no podía pasar de 20 km/h. Era como conducir a gatas. Comencé a ascender con dificultad las primeras rampas. Empezaba a angustiarme. No podía ver, apenas intuía el trazado de las curvas. Recordaba que, a mi derecha, me amenazaban barrancos de gran pendiente. De repente, noté que el frontal de mi coche bajaba de nivel. Frené instintivamente y conseguí detenerlo. Pude advertir, con pavor, que una enorme grieta había partido en dos la carretera. El automóvil se inclinaba hacia delante con el menor gesto. Finalmente, cedió e inició la caída. Grité desesperado pero el socavón era de escasa altura y, por fortuna, no me tragó la tierra. Pasados unos minutos que parecieron horas, los efectivos me rescataron, ileso, de aquel desastre.