Llegó el momento

Mari Ángeles Pulido

Estuve al servicio de la señora Salazar más de cinco décadas. Recuerdo aquellos primeros días cuando me puso a prueba para comprobar hasta dónde daban de sí mis habilidades. Desde entonces, realicé para ella los trabajos más variados y caprichosos sin ninguna queja por su parte. Ahora noto cómo las fuerzas ya no me acompañan pero siento que ha sido un privilegio envejecer con ella.
Ayer fue un día especial, llegó el momento de traer a su nieta y hablarle sobre mí.
«Olivia, yo ya soy viejecita y pronto me iré al cielo, te tocará a ti cuidar de esta vieja amiga. Aunque también está mayor, de vez en cuando te hará algún trabajo estupendo. Fíjate bien lo que tienes que hacer: pones aquí una bobina de hilo, pasas la hebra por esta aguja, colocas la tela, empujas con el pié este pedal y ya está lista para coser».