Un ligero mareo

Luisa María Yamuza Carrión

Inés lleva dos semanas con insomnio. Todos los veranos le ocurre. Lo peor llega al amanecer, cuando parece que sus párpados se dejan vencer. Entonces las malditas tórtolas terminan de espantarle el sueño con su ¡trrru, trrru,trru! mil veces repetido al otro lado de la ventana. Con los ojos inyectados en sangre, mira de reojo el árbol que las cobija y abandona la cama. «Muerta, otra vez» piensa con ira disfrazada de martirio.
Por fin, la noche del viernes duerme del tirón, así, sin más. Se levanta llena de energía, con una sonrisa puesta. Siente que nada le puede estropear el día. Sólo durante el almuerzo nota un ligero mareo por culpa de su marido. «No sabía que cocinabas tan bien la perdiz en escabeche», le suelta rebañando el plato.