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ANA LOIG

Hay cosas en la vida que llegan abruptamente y, sin embargo, se pronuncian suave: amargura, defunción, deseo.
La muerte llega a la vida, es curioso. Como un epílogo de nuestra biografía que nunca leeremos.
Su muerte es esa carta que visitaré siempre a escondidas.
Toda la familia est√° en el funeral; es en su antigua casa y me miran de reojo.
Una insaciable necesidad de fingir que no me conocen recorre la estancia.
Paseo por la casa y me cuelo en su habitación, donde reconozco una chaqueta suya. Contiene un papelito de una cafetería donde nos leían los posos del café. Siempre decían: Vais a ser muy felices. Y aun así (o quizá por eso) nosotros volvíamos cada semana.
El papel pertenece a una galletita de la suerte que nos regalaron el √ļltimo d√≠a. Reza: ?Todos tenemos derecho al dolor?.
Debi√≥ ser la rebeld√≠a de alg√ļn trabajador hastiado.
Me fui.