El olvido

Carlos M. Corchado

Llov√≠a de esa manera, en que s√≠ o s√≠, vas a terminar empapada. Solo por el hecho de salir corriendo del ¬ęlugar del crimen¬Ľ. No te apetece permanecer en √©l ni un segundo m√°s. Y saltas de la cama como impulsada por un resorte. A tientas buscas el vestido por los sillones. Los zapatos est√°n uno por cada lado. Pero no los calzas, temerosa de que los tacones te delaten. Y sigilosa, de puntillas, soportando el golpe en la espinilla, de la mesa del sal√≥n, sin siquiera emitir un grito, abres la puerta de la calle, tirando del pestillo que chirr√≠a por la falta de grasa. Y cuando pones el pie izquierdo en el pasillo, sin encender la luz, y lo consideras un triunfo, oyes una voz como de ultratumba a tus espaldas:
-No te dejes las bragas en el ba√Īo. Que si las ve Rosa, me mata.