La caja de los muertos

Ignacio Aguado Fernández

Dios me obliga a ir siempre un paso al frente, sólo un paso cada vez y siempre al frente, nunca para atrás. A menos que algún enemigo se coloque a la izquierda o a la derecha porque entonces, si me lo ordenan, lo mato. Depende pues de Dios que mate o siga otro paso al frente y otro, y otro más, así hasta que me maten o alguien me impida avanzar.
Ésta es mi vida, ir directo a la matanza mientras que, en la retaguardia, el rey se esconde rodeado de torres y protegido por su fiel caballería. Una vida vulgar y un triste destino el mío y ahora, si me disculpan, con pesar, debo dejarles: veo como un alfil enemigo se desplaza en diagonal a toda velocidad hacia mi casilla.
Me temo que en un breve segundo estaré de nuevo en la caja de los muertos.