A la intemperie

Rosario Alba Álvarez

En otras circunstancias aquel chaparrón me hubiera puesto de un humor de perros, pero aquel día estábamos enamorados y necesitábamos salir a la calle y pregonarlo por ahí, casi pegados, compartiendo aquel paraguas viejo de portal en portal, de tienda en tienda, mirando escaparates sin parar de reír porque todo nos hacía gracia. Una locura aquella lluvia que nos mojaba los besos, una locura aquel amor bajo las nubes. La vida era buena con nosotros y quisimos celebrarlo a la intemperie aunque lloviera a cántaros, aunque allí mismo fuera a concentrase el mismísimo kilómetro cero del fin del mundo, el epicentro bíblico del segundo diluvio universal que inundaría la tierra. Nada nos importaba, sortear los charcos y reírnos era el único plan de aquella tarde.