Inspirándose en Charlot

gabriel pérez martínez

El mago sentía devoción por Charles Chaplin. En lugar de una chistera, utilizaba un bombín y su varita era, en realidad, un pequeño bastón. Incluso lucía un bigote de la anchura de su nariz, aunque algunos insinuasen que era como el de Hitler.
En las últimas actuaciones, había logrado transfigurarse en  animales (conejo, león, caballo y delfín).  En su nuevo número, el suelo del escenario, cuarenta centímetros más hundido que la embocadura, comenzaba a  llenarse de un ácido corrosivo; lo justo para no salpicar al público, pero suficiente para desintegrarle a él los pies. Para huir, debía convertirse en ave y volar. Maldijo que Charlot imitara a los pingüinos.