Pesca con muerte

Baltasar J. Moreno García

Con los pies a remojo mientras pescaban: así esperaban a los guardias que se aproximaban. Intentaban disimular ante los agentes que su amigo se encontraba indispuesto. -Antonio, chiquillo, espabila. Que están aquí estos señores. -Dijo Rafael, intentando transmitir normalidad. -Eso,  Antonio, despierta, no seas maleducado. -Añadió Juan, con cierto nerviosismo. Antonio se encontraba sentado entre ambos, ausente, con la caña de pescar entre sus tibias manos. Unas gafas de sol baratas y la gorra de la Caja Rural le conferían un aspecto agreste. Cuando la carpa picó el anzuelo, Rafael cayó de bruces al agua. Siempre había sido un gran pescador, incluso ahora que estaba muerto.