El escuadrón invencible

JOSÉ MARÍA ALCOHOLADO

Atravesó el pasillo con la misma cabeza rendida, los mismos dedos burlones y las mismas risas crueles de cada día. Al tercer codazo logró salir al patio. Desenredó el hilo temblando. Ensambló la cruz de madera tensando aquel halcón dibujado. Esperó la ráfaga perfecta y liberó el rombo de plástico. Las risas agolpadas se fueron acallando. Admiradas con aquel vuelo, exclamaron en la primera pirueta y aplaudieron en la segunda. La siguiente mañana, tres cometas más planeaban al lado de su halcón como un escuadrón invencible, devolviendo las risas a ese patio, incluso las suyas.