Cyborgs apáticos

Gemma Swan

El local estaba atestado de clientes, a pesar de la calma reinante en las calles embarradas de Ormabur, cuyas luces de azur neón palpitaban alternas, frías y distantes. El embriagador aroma a grasa y metal se mezclaban en la atmósfera viciada.
-Otra- demandó una voz hosca a espaldas del subalterno que estaba de turno aquella noche.
En silencio, el apático mozo rellenó la jarra de aceite, cuyo contenido desapareció igual de rápido que las veces anteriores.
-Otra- oyó balbucir a un parroquiano recostado sobre la barra, unos metros más allá.
Su jornada sería larga y fatigosa. No oiría más que una sola palabra: «Otra».