Oasis caliente

ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ

-Me caso, mamá.
-No lo hagas, Julia.
-Me llamo Yaminah.
Un sol ofensivo de mediodía entra por la cristalera del salón calcinando lentamente una fe amamantada de fantasías arenosas, ahogando un nombre latino en aguas islámicas.
-Piénsalo bien, hija.
-Lo amo.
En el último curso de Derecho, Alí, camarero en la cafetería universitaria, alto, moreno, exótico, hermosa voz de profeta, despertó deseos inconfesables en Julia que, al beber de su oasis caliente, cerró de golpe, bajo llave severa, un mañana prometedor, trasladando su mundo de bailes, estudios y copas, a: cuernos de gacela, cuscús, tattoos de henna, Ramadán...
-Acaba al menos tus estudios.
-No pienso ejercer.
-La pasión se va, Julia, ¿y luego?
Echa sobre su fina melena pajiza un hiyab azulino, agarra salvajemente el bolso colgándolo en bandolera, gritando antes de salir:
-¡Yaminah, mamá, me llamo Yaminah! ¡Métetelo en la cabeza!