L?helio

Lucía Serrano Montero

Prefiero las ratas. Ellas y las frecuencias, las sonoras. Ya no podía oír, sino percibir algún resquicio de los graves de la orquesta. Y no fue la pérdida de este órgano la causante de mi espíritu transgresor, pues ya estaba condenado a que no se me entendiese. Lo que quedaba era L?helio: el anhelo y el recuerdo de lo querido. La polirritmia, las progresiones ascendentes, los corales, la sencillez melódica... mas todo quedaba en quimeras, en continuo claro-oscuro. Ninguna obra reposó sobre mayor inquietud, ningún alma se sintió menos satisfecha. Comenzaba la Novena, al piano, y ?a capella?.