Enfermos crónicos

Gabriel Pérez Martínez

El cirujano interino se dispone a realizar la operación más importante de su carrera. De si sale bien o no depende que lo hagan indefinido. El pulso se le dispara. Suda. Respira hondo. Cuando agarra el bisturí y se dispone a realizar la primera escisión entre las costillas IV y V,  descubre que la persona a la que va a operar es la Muerte. Se convence de que debe matarla. Ya nunca moriría nadie.  Luego piensa que la cosa no está como para jugarse el trabajo. No cuenta con que el anestesista también conoce la identidad de la paciente y ha sido tentado por varias farmacéuticas.