Gazpacho malagueño

Baltasar J. Moreno García

J. -Proceda el señor fiscal.
F. -Con la venia, señoría. ¿Podría la inculpada relatar los hechos que aquí se juzgan?
I. -Pues serían las dos de la tarde cuando cogí tres tomates maduros de Coín. Los pelé, los troceé y los puse en el lebrillo... Luego hice lo mismo con un pimiento de Álora; a continuación, le añadí un diente de ajo de la vega antequerana; un trozo de pan duro, pan de Alhaurín el Grande, por supuesto; un vaso de agua de Mijas; un puñado de sal de Sierra de Yeguas; un chorreón de limón de Pizarra y lo majé todo mientras le incorporaba un poco de aceite de Casarabonela. Todo al gusto de mi marido, que Dios lo tenga en su gloria.
F. -¿Y el amoníaco?
I. -El Amoníaco cerró. Hace años. No sé más.
F. -¿Se cree muy graciosa?
A. -¡Protesto! Pregunta improcedente.
J. -Se admite. Se levanta la sesión. Hora de almorzar.