Desacato

Eduardo Calderón Nieto

Nuestro mayor anhelo era atravesar estas tierras y descubrir otros horizontes; desertar de este mundo confortable pero tan soberanamente aburrido. Mas no había manera. Se nos ocurrió toda clase de tropelías que mereciera un fulminante despido: asaltamos madrigueras, dimos de fumar a los camaleones, delatamos al insecto palo; hasta plantamos del revés los baobabs, y ni por esas. Por fin, aquella prohibición llegó como caída del cielo. Enseguida perpetramos el mordisco.