El sucesobvio

Juan Manuel Pérez Torres

El inspector realizaba una escrupulosa inspección ocular en el lugar del suceso. Cuando llegase el juez de guardia para levantar el cadáver, quería poder decirle sus impresiones y no quería ser impreciso en sus observaciones. Con perspicacia, buscaba alguna gota de sangre que pudiera haberse escapado de la minuciosa limpieza que relucía en aquella habitación. Quizá pequeñas fibras de tejido, cabellos arrancados, alguna brizna en la alfombra o cualquier otro elemento que pudiera ofrecer al juez como prueba. Primero con su lupa, luego con la lámpara de luminol, agachado o a cuatro patas, repasó todos los alrededores del cadáver hasta que incluso se topó la cabeza con los zapatos que colgaban. Con gesto grave y taciturno, se alzó para mirar con los ojos entornados al ahorcado y entonces pensó: concuerda.