El afeitado

Francisco García Castro

Me dispuse para afeitarme. Uso la brocha. Compré cuchillas nuevas. No estuve muy fino en el acabado.
Lo olvidé. Olvidé el gran consejo del abuelo. El abuelo decía: « El agua templada. Siempre. AHÍ reside la espina dorsal de un buen afeitado. El agua templada».
Es cierto, pero, ¿de dónde el tiempo?
Salgo de casa. Conmigo, un rastro de aspereza.