Ciprés, casa, ventana

Ángela Fernández

Apagó las luces del coche en marcha cuando aún le quedaban unos metros para la cancela. El ciprés antiguo lo recibió. ¿Dónde estaba la luna? Solo la luz del salón dejaba adivinar la casa al final del camino. Por un momento visualizó su habitación en la primera planta, la segunda puerta a la derecha, después de la escalera de madera que crujía a cada paso, recordó. Su ventana se prendió y esa visualización la percibió acompañada de un sonido -sinestesia- algo así como el clic de un interruptor. Repitió mentalmente la sonoridad de aquel brillo y miró las llaves del coche. Ya sabía todo lo que quería saber. Resultó ser cierto el rumor que la traía de vuelta. Giró las llaves y encendió la radio. La modesta voz de Chet Baker casi le disipó el agravio. Condujo por la carretera del invernadero una vez más. Sería la última.