El africano

Salvador Cortés Cortés

El africano, que portaba dos bolsas llenas de latas de refrescos, una en cada brazo, se detuvo. La anciana que estaba pelando un melocotón lo miró. La mujer en top-less dejó suspendido su cigarrillo en el aire, sostenido por sus dedos índice y corazón. La ni?a que cantaba se calló. La nadadora, a lo lejos, ya no avanzaba. El hombre que buscaba piedrecitas y conchitas en la orilla para su colección embotellada se mantuvo encorvado. El muchacho que hacía fotos con el palo selfie se fotografió. Una pequeña ola, la que produjo el rumor, se adentró en la arena, luego retrocedió.
El africano, entonces, volvió a caminar.