Aparición

Luis Martínez Valcabado

Alguna gente hablaba de ello con desconfianza. Se rumoreaba su existencia, pero nadie de los conocidos se había percatado de su esperado aspecto. Se apreciaban signos de vida escritos en las marquesinas, en transcripción de imprenta, se seguían con el dedo y la retina los vericuetos de su recorrido. Sin embargo era un fantasma, una aparición de holograma desvaído. Un no visto. Nosotros mismos lo habíamos esperado un tiempo prudente sin que hiciera movimiento en la app del móvil. Y aunque reponíamos la numeración, la pantalla ni se inmutaba. Dejaba para consuelo un guion bajo parpadeante intermitente del intento. Pasamos de él. No nos hacía falta.
Ayer cambié de dirección en mis programados mil doscientos pasos de paseo en dirección oeste. Y al final, en la última glorieta, recostado y con inquietante petardeo, allí estaba. Prisma rectangular. Blanco y azul. Puertas abiertas...Rodante de Sacaba a La Farola, el autobús 40.