Las musarañas

ESPERANZA LIÑÁN ÁLVAREZ

Es viernes, el banco no abre hasta el lunes. Adiós a la ventanilla de caja y la sonrisa dibujada de ocho a tres. Ya no escucharé: «Martínez cuántas veces tengo que repetirle la clave de la caja fuerte». Le asombraría saber señor director cómo ha mejorado mi memoria últimamente.
Paso los controles del aeropuerto sin problemas. Me espera en el aparcamiento un coche de alquiler. Un futuro prometedor: empezar desde cero y sin agobios económicos. Tantos años de trabajo contando billetes ajenos y ahora muchos de ellos son míos.
Una voz conocida invade mis pensamientos adueñándose de su protagonismo. Es la de Matías, que en tono de reproche y deslizando cada sílaba, me dice desde el otro lado de la barra:  
-Martínez, baja de tu nube. Ya te dije que era la última que te servía. ¿Quieres terminar la copa y dejar de pensar en las musarañas?