Cuestión de tiempo

Adolfo ibáñez-Batista

Siempre llevaba alojado en el bolsillo derecho de su pantalón, un reloj con tapas plateadas, cuya correa visible, era comentario de muchos de sus contemporáneos, con aire distinguido sacaba a pasear su reloj.
Cuando le preguntaban sobre el uso de su reloj de bolsillo, contestaba risueño: «Para que no vuelen los segundos al aire; para que no se lleve los minutos el viento o las horas se vayan disipando por los pliegues de algún suspiro amargo»
Después cerraba nuevamente la tapa de su reloj, ante la admiración de unos y la estupefacción de otros. El tictac de su reloj seguía resonando en el interior de su pantalón, igual de inexorable, pero era su manera de rebelarse contra Cronos, al menos el tiempo no le ataba de prisa la muñeca.