Los perros de papá

maría dolores rubio de medina

Tengo un papá-balcón. El de Laurita es médico, el de Oscar, arquitecto. El mío llega a la hora de la merienda y dice: «un besito, hijo, que hace un frío de perros» y sale al balcón. Cierra la ventana y me habla a gritos, moviendo mucho las manos, detrás del cristal, mientras fuma un cigarrillo tras otro, asomado a la calle. Así todos los martes y viernes. Mamá nos vigila por la rendija de la puerta del pasillo. A las 6, papá sale del balcón, me besa y se va sin despedirse de mamá. Nosotros bajamos para ir al parque y al pasar por delante de la portería, Severino siempre regaña a mamá: «dígale a su ex que no tire las colillas a la acera que tengo que barrerlas» y yo me acuerdo de los perros del frío de papá. Nunca los he visto.