Cruce de caminos

Elisa Negro Morilla

El masajista no tard√≥ en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Fue un flash inmediato a su infancia, √©l con 3 o 4 a√Īos subido a la espalda de un hombre y ese lunar a la altura de sus ojos. Despu√©s, algunas cartas desde el extranjero, la tristeza y las l√°grimas de su madre, la incomprensi√≥n en su mente infantil y por √ļltimo, el silencio. Lo hab√≠a borrado de su recuerdo, pero ahora todo volv√≠a como una pel√≠cula rescatada del olvido. Y de sus labios sali√≥ la pregunta que desde que hab√≠a visto ese lunar rondaba en su cabeza: ¬ŅPap√°?