Cuesta del Coño

Jorge Jiménez

No está confirmado, pero parece que un monstruo sube cada mañana la cuesta de El Ejido. Casi nadie lo ve, pero hay testigos que dicen que no falla ningún día, que va alegre, venturoso, dispuesto a conquistar el futuro por medio del esfuerzo dosificado. Se mueve con determinación, señal de que la osteoporosis es una vagoneta lenta a la que aún no se ha subido. Es ingenuo y pretende vivir enmarcado en las ilusorias paredes del éxito. Ha perdido pestañas y acumula falta de sueño porque la cuesta es dura, pero cuando llega arriba se encuentra la planicie y camina lento; es la hora más difícil: hoy día, un título universitario no garantiza nada.