Carpe Diem

Víctor Sultans

Aurelio había estado dos años ahorrando para poder jugar al golf en St Andrews (Escocia). Salió a jugar al campo lloviendo y tiritando de frío. La partida no le iba bien y no paraba de lanzar la bola de un lado al otro de la calle. En el hoyo 14 se cruzó con un hombre que paseaba un perro. Cuando llegó al búnker a buscar la bola, el hombre le indicó la boca del perro. El extremo de la bola asomaba entre los dientes. Aurelio miró al hombre, miró al perro, sonrió y se fue. Había pagado 150 libras por jugar aquel día. Pero entendió que el tiempo vale más que el dinero. Lo vimos partir sin decir nada y no le seguimos bajo la lluvia.
Cuando fuimos a buscarlo al pub ya llevaba cuatro pintas y dos maltas, y coreaba con los parroquianos el ?Whiskey in the Jar?.