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Diario Sur


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Microrrelatos en SUR

¡Ay, mi bicicleta!

José Antonio Olmedo López

Siendo niño me preguntaban:

-¿Qué vas a ser de mayor?

-Biciclista y amotero- respondía mi ingenuidad.

Yendo a la escuela, frecuentaba el álbum de mis sueños: de la áspera carretera surgía una brillante bicicleta.

Mi padre compró una Orbea. Yo reconocía el sonido de su timbre en cualquier situación.

Aquel domingo de mayo, dirigiéndonos al Cortijo Quintana para hacer la Primera Comunión, iba contento sentado en el cuadro de la Orbea que mi padre conducía.

Ambiente de fiesta infantil, saludos y espadaña; trajecito marinero -mamá, ¡tan ausente!-; misa al aire libre, sacerdote en su casulla, librito nacarado, rosario en las manos enguantadas, la campanilla, la Sagrada Hostia, fila en movimiento, pasitos cortos, ojos entornados:

-Corpus Christi -susurraba el cura.

Entonces reconocí, entre el estrépito de la caída, el inconfundible sonido de su timbre:

-¡Ay, mi bicicleta! -exclamé, rompiendo la magia del solemnísimo momento: mi dios había rodado por el suelo.

Publicado en SUR el 20 de agosto de 2016