Amor a ciegas

Pablo Hermoso Madrona

Sus citas siempre fueron a ciegas. Bromeaban con que lo suyo no fue amor a primera vista. Con frecuencia caminaban tan pegados que un solo bastón era suficiente para detectar los obstáculos. Al explorar con las yemas de los dedos sus rasgos faciales, buscaban sólo la ternura del contacto porque a ellos nunca les importó el físico. A veces en plena calle, ajenos a la vida de alrededor, se fundían en un abrazo prolongado. El perro guía aprovechaba para sentarse. Con tantas mariposas en el estómago no hay manera de dar el cuponazo. No les importaba.