¡A ver si nos vemos!

Miguel Ángel Muñoz Alonso

No me dio tiempo a girarme y tuve que hacerme el encontradizo con aquel patán. No le soportaba. Se alegraba mucho de verme, me dijo. ¿Qué cómo me iba? No, no me casé con Virginia, que tampoco se llamaba así pero no hice el más mínimo esfuerzo en corregirle. ¿Tampoco te compraste aquella casa frente al mar? Sí, ya sé que me gustaba, pero... no, tampoco tuve hijos.
Le insistí en que me apremiaba acudir a una cita inexistente, pero el muy cretino no me dejaba marchar. Tuve que tragarme la peor parte, la cronología pormenorizada de sus logros personales y laborales. Uno de estos logros, de cinco años, no paraba de darme patadas en la espinilla. ¡Qué simpático es! Le mentí. ¡Es clavadito a ti! Cierto.
Acabó de darme la puntilla con el manoseado ¡a ver si nos vemos!
Juraría que lo pronunció junto, con hache y con be.